
Un mundo de locos
un tipo me mandó una navaja por correo.
dijo que era un regalo en señal de reconocimiento por mi
obra.
la navaja tiene una palanquita en un costado,
la aprietas, salta el filo
y ya estás listo,
sin más.
dudo que llegue a usar este arma
pero me alegra saber que un lector se
preocupa tanto por mi
seguridad.
de todos modos, prefiero a los lectores que me envían
botellas de vino
aunque algunas lleguen
rotas.
aun así, no hay que beber nada
que llegue por correo con remitente
desconocido, alguien podría intentar
envenenarte.
pero cualquier cosa es preferible al lector que se
presenta a la puerta.
eso me molesta, me cabrea de veras.
en este mundo, incluso la fama menor puede ser
un problema de los grandes.
sea como sea, ahora voy a utilizar la navaja que me envió
el lector para limpiarme las uñas.
mejor eso que metérsela a alguien hasta el mango
en las entrañas.
eso prefiero hacerlo con el poema.
Desplazado
ardo en el infierno
hay parte de mí que no encaja en ningún lugar
mientras otra gente encuentra cosas
que hacer
con su tiempo
sitios adonde ir
unos con otros
cosas que decirse
unos a otros.
yo
ardo en el infierno
en algún lugar al norte de Méjico.
aquí no crecen flores.
no soy como
los demás.
los demás son como
los demás.
todos son iguales:
toman parte
se agrupan
se arraciman
se les ve
risueños y satisfechos
y yo
ardo en el infierno.
mi corazón tiene un millar de años.
no soy como
los demás.
moriría en sus merenderos
ahogado por sus banderas
aporreado por sus canciones
aborrecido por sus soldados
corneado por su sentido del humor
asesinado por su inquietud.
no soy como
los demás.
ardo
en el infierno.
el infierno que
yo mismo soy.
Al margen
una habitación llena de humo al margen, siempre
ha sido una habitación llena de humo al
margen.
el margen nunca desaparece.
a veces lo entiendes
mejor,
a veces incluso hablas con él, es posible
que digas: -hola, viejo amigo- pero
no tiene sentido del humor, te golpea en el
vientre, dice:
-esto es un asunto serio, estoy aquí para
matarte o volverte loco.
-de acuerdo-contestas- lo
entiendo.
esta noche mi habitación está llena de humo y estoy solo
escuchando el silencio.
estoy harto de esperar a la vida.
que tardó tanto en llegar y se fue tan
pronto.
las calles y las ciudades están
vacías,
el amor está en la maldita cruz
y la muerte ríe en la
trastienda.
al margen, el margen, el margen.
qué triste: las flores siguen intentando
agradarme
el sol grita mi nombre,
pero me flaquea el ánimo
mientras los animales siguen mirando con ojos
grandes.
esta habitación llena de humo.
una alfombra sucia.
unos cuantos libros.
un par de cuadros.
una silla rota.
un par de zapatos vacíos.
un viejo cansado.
deuda subordinada.
Paraíso ilegítimo
los malos días y las malas noches son ahora demasiado
frecuentes,
el viejo sueño de pasar unos cuantos años tranquilos
antes de morir;
ese sueño se desvaneció igual que los
demás.
una pena, una pena, una pena.
desde el principio, durante los
años intermedios hasta el
final:
una pena, una pena, una pena.
hubo momentos,
destellos de esperanza
pero no tardaron en disiparse
en la misma vieja
fórmula:
el hedor de la realidad.
incluso cuando hubo
suerte
y la vida bailaba en
carne y hueso,
éramos conscientes de que la estancia
sería
breve.
una pena, una pena, una pena.
queríamos más de
lo que nunca habría:
mujeres hechas de amor y
risa,
noches lo bastante salvajes para el
tigre,
queríamos días que
pasaran por la
vida
con cierto garbo,
un poco de
sentido,
un uso verosímil,
no sólo
algo que
desperdiciar,
sino algo que
recordar,
algo
con lo que
atizar a la muerte
en el vientre.
una pena, una pena, una pena.
en la suma de
todo, naturalmente,
nuestra insignificante agonía es
estúpida
y vana
pero creo que nuestros
sueños no lo
fueron.
y no estamos oslos.
los factores implacables no
son una venganza
personal contra un
ser
concreto.
otros acusan el mismo
trastorno
punzante,
enloquecen, se suicidan, se
apalancan, acuden conmocionados a
dioses
imaginarios,
o se emborrachan, se drogan
se vuelven lelos
de manera natural,
desaparecen en la masa de
vacuidad
que denominamos familias,
ciudades,
países.
pero no toda la culpa la tiene
el destino.
hemos desperdiciado
nuestras oportunidades,
hemos estrangulado
nuestros propios corazones.
una pena, una pena, una pena.
ahora somos los ciudadanos de la
nada.
el propio
sol
conoce
la triste verdad acerca de
cómo sacrificamos
nuestras vidas
y muertes
al simple
ritual,
a un ritual
inútil y
cobarde,
y luego
mientras nos descolgábamos
de la faz de la
gloria,
tornando estiércol
nuestros sueños,
cómo dijimos
no, no, no, no,
al más hermoso
SÍ
jamás pronunciado:
la propia
vida.
Excusas
una vez más
oigo hablar de alguien que va a
sentar la cabeza y
poner manos a la obra,
pintando, escribiendo o lo que sea,
en cuanto instalen una luz
mejor,
o en cuanto vayan a otra
ciudad,
o en cuanto regresen del viaje que
han estado planeando,
o en cuanto...
es así de sencillo: no quieren
hacerlo,
o no pueden,
de otro modo notarían una
quemazón infernal
que no podrían dejar de lado
y "pronto"
se convertiría de inmediato en
"ahora".
Un árbol, un camino, un sapo
una mesa con 7, todos
riendo a voz en cuello, una y otra vez,
es casi ensordecedor,
pero no hay alegría en su
risa, parece
artificial.
el fingimiento y la falsedad
envenenan el aire.
los demás comensales no parecen
darse cuenta.
me asfixia la risa,
me ahoga las entrañas, la mente, hasta
mi propio sentido.
fantaseo con coger una pistola, con
llegarme hasta la mesa
y volarles la tapa de los sesos,
uno a uno.
naturalmente, eso me convertiría en alguien
mucho más culpable que
ellos.
aun así, se me pasa por la cabeza y
entonces caigo en la cuenta de que espero
demasiado.
debería haber caído en la cuenta mucho tiempo
atrás de que así son
las cosas:
que en todas partes hay mesas con 2,
3, 7, 10 o más
en las que la gente
ríe sin ton ni son y
sin alegría,
ríen tontamente sin
sentirlo de veras,
y que eso constituye una parte inevitable
de todo lo demás,
como un árbol, un camino, un sapo.
pido otra copa y
decido no matarlos, ni siquiera
fantaseando.
en vez de eso, llego a la conclusión de que soy un
hombre muy afortunado:
la mesa está a unos seis metros.
podría estar sentado a esa mesa, sentado
con ellos,
cerca de sus bocas,
cerca de sus ojos y sus orejas
y sus manos,
incluso escuchando su conversación,
causa de tanta risa
sin alegría.
he estado en infinidad de situaciones similares
y ha sido una auténtica cruz,
desde luego.
así que me felicito por mi buena suerte
aunque no puedo pormenos de preguntarme
si queda algún lugar en el mundo
donde haya una mesa con 7 en la
que existan auténticos sentimientos,
en la que haya
risotadas francas.
eso espero.
no me queda otro remedio.
un tipo me mandó una navaja por correo.
dijo que era un regalo en señal de reconocimiento por mi
obra.
la navaja tiene una palanquita en un costado,
la aprietas, salta el filo
y ya estás listo,
sin más.
dudo que llegue a usar este arma
pero me alegra saber que un lector se
preocupa tanto por mi
seguridad.
de todos modos, prefiero a los lectores que me envían
botellas de vino
aunque algunas lleguen
rotas.
aun así, no hay que beber nada
que llegue por correo con remitente
desconocido, alguien podría intentar
envenenarte.
pero cualquier cosa es preferible al lector que se
presenta a la puerta.
eso me molesta, me cabrea de veras.
en este mundo, incluso la fama menor puede ser
un problema de los grandes.
sea como sea, ahora voy a utilizar la navaja que me envió
el lector para limpiarme las uñas.
mejor eso que metérsela a alguien hasta el mango
en las entrañas.
eso prefiero hacerlo con el poema.
Desplazado
ardo en el infierno
hay parte de mí que no encaja en ningún lugar
mientras otra gente encuentra cosas
que hacer
con su tiempo
sitios adonde ir
unos con otros
cosas que decirse
unos a otros.
yo
ardo en el infierno
en algún lugar al norte de Méjico.
aquí no crecen flores.
no soy como
los demás.
los demás son como
los demás.
todos son iguales:
toman parte
se agrupan
se arraciman
se les ve
risueños y satisfechos
y yo
ardo en el infierno.
mi corazón tiene un millar de años.
no soy como
los demás.
moriría en sus merenderos
ahogado por sus banderas
aporreado por sus canciones
aborrecido por sus soldados
corneado por su sentido del humor
asesinado por su inquietud.
no soy como
los demás.
ardo
en el infierno.
el infierno que
yo mismo soy.
Al margen
una habitación llena de humo al margen, siempre
ha sido una habitación llena de humo al
margen.
el margen nunca desaparece.
a veces lo entiendes
mejor,
a veces incluso hablas con él, es posible
que digas: -hola, viejo amigo- pero
no tiene sentido del humor, te golpea en el
vientre, dice:
-esto es un asunto serio, estoy aquí para
matarte o volverte loco.
-de acuerdo-contestas- lo
entiendo.
esta noche mi habitación está llena de humo y estoy solo
escuchando el silencio.
estoy harto de esperar a la vida.
que tardó tanto en llegar y se fue tan
pronto.
las calles y las ciudades están
vacías,
el amor está en la maldita cruz
y la muerte ríe en la
trastienda.
al margen, el margen, el margen.
qué triste: las flores siguen intentando
agradarme
el sol grita mi nombre,
pero me flaquea el ánimo
mientras los animales siguen mirando con ojos
grandes.
esta habitación llena de humo.
una alfombra sucia.
unos cuantos libros.
un par de cuadros.
una silla rota.
un par de zapatos vacíos.
un viejo cansado.
deuda subordinada.
Paraíso ilegítimo
los malos días y las malas noches son ahora demasiado
frecuentes,
el viejo sueño de pasar unos cuantos años tranquilos
antes de morir;
ese sueño se desvaneció igual que los
demás.
una pena, una pena, una pena.
desde el principio, durante los
años intermedios hasta el
final:
una pena, una pena, una pena.
hubo momentos,
destellos de esperanza
pero no tardaron en disiparse
en la misma vieja
fórmula:
el hedor de la realidad.
incluso cuando hubo
suerte
y la vida bailaba en
carne y hueso,
éramos conscientes de que la estancia
sería
breve.
una pena, una pena, una pena.
queríamos más de
lo que nunca habría:
mujeres hechas de amor y
risa,
noches lo bastante salvajes para el
tigre,
queríamos días que
pasaran por la
vida
con cierto garbo,
un poco de
sentido,
un uso verosímil,
no sólo
algo que
desperdiciar,
sino algo que
recordar,
algo
con lo que
atizar a la muerte
en el vientre.
una pena, una pena, una pena.
en la suma de
todo, naturalmente,
nuestra insignificante agonía es
estúpida
y vana
pero creo que nuestros
sueños no lo
fueron.
y no estamos oslos.
los factores implacables no
son una venganza
personal contra un
ser
concreto.
otros acusan el mismo
trastorno
punzante,
enloquecen, se suicidan, se
apalancan, acuden conmocionados a
dioses
imaginarios,
o se emborrachan, se drogan
se vuelven lelos
de manera natural,
desaparecen en la masa de
vacuidad
que denominamos familias,
ciudades,
países.
pero no toda la culpa la tiene
el destino.
hemos desperdiciado
nuestras oportunidades,
hemos estrangulado
nuestros propios corazones.
una pena, una pena, una pena.
ahora somos los ciudadanos de la
nada.
el propio
sol
conoce
la triste verdad acerca de
cómo sacrificamos
nuestras vidas
y muertes
al simple
ritual,
a un ritual
inútil y
cobarde,
y luego
mientras nos descolgábamos
de la faz de la
gloria,
tornando estiércol
nuestros sueños,
cómo dijimos
no, no, no, no,
al más hermoso
SÍ
jamás pronunciado:
la propia
vida.
Excusas
una vez más
oigo hablar de alguien que va a
sentar la cabeza y
poner manos a la obra,
pintando, escribiendo o lo que sea,
en cuanto instalen una luz
mejor,
o en cuanto vayan a otra
ciudad,
o en cuanto regresen del viaje que
han estado planeando,
o en cuanto...
es así de sencillo: no quieren
hacerlo,
o no pueden,
de otro modo notarían una
quemazón infernal
que no podrían dejar de lado
y "pronto"
se convertiría de inmediato en
"ahora".
Un árbol, un camino, un sapo
una mesa con 7, todos
riendo a voz en cuello, una y otra vez,
es casi ensordecedor,
pero no hay alegría en su
risa, parece
artificial.
el fingimiento y la falsedad
envenenan el aire.
los demás comensales no parecen
darse cuenta.
me asfixia la risa,
me ahoga las entrañas, la mente, hasta
mi propio sentido.
fantaseo con coger una pistola, con
llegarme hasta la mesa
y volarles la tapa de los sesos,
uno a uno.
naturalmente, eso me convertiría en alguien
mucho más culpable que
ellos.
aun así, se me pasa por la cabeza y
entonces caigo en la cuenta de que espero
demasiado.
debería haber caído en la cuenta mucho tiempo
atrás de que así son
las cosas:
que en todas partes hay mesas con 2,
3, 7, 10 o más
en las que la gente
ríe sin ton ni son y
sin alegría,
ríen tontamente sin
sentirlo de veras,
y que eso constituye una parte inevitable
de todo lo demás,
como un árbol, un camino, un sapo.
pido otra copa y
decido no matarlos, ni siquiera
fantaseando.
en vez de eso, llego a la conclusión de que soy un
hombre muy afortunado:
la mesa está a unos seis metros.
podría estar sentado a esa mesa, sentado
con ellos,
cerca de sus bocas,
cerca de sus ojos y sus orejas
y sus manos,
incluso escuchando su conversación,
causa de tanta risa
sin alegría.
he estado en infinidad de situaciones similares
y ha sido una auténtica cruz,
desde luego.
así que me felicito por mi buena suerte
aunque no puedo pormenos de preguntarme
si queda algún lugar en el mundo
donde haya una mesa con 7 en la
que existan auténticos sentimientos,
en la que haya
risotadas francas.
eso espero.
no me queda otro remedio.
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