23 de agosto de 2008

De oráculos

Tres meses y tres días después de preguntarle acerca de mi futuro en la filosofía al cráneo de Descartes, se confirmaron mis sospechas. No sé si creo o no en algún tipo de ciencia de los números, pero lo cierto es que fue así. También ví el cráneo de Saint-Simon, pero eso ya me pareció demasiado, muchos cráneos de filósofos para un sólo día. Sin embargo, es curiosa la historia del cráneo de Descartes, debieron otorgarle algún tipo de poder/riqueza/amuleto para preocuparse tanto por mantener su cráneo separado del cuerpo. Además de realizarle infinidad de inscripciones casi ilegibles, pero con una caligrafía excelente.

No sé, la gente ni lo miraba apenas, se encuentra en un rincón, lejos del mundanal ruido y cerca de Lucy, con otros méritos, pero también olvidada.

El caso es que fuí allí sólo para ver ese cráneo, aunque después me llevara una alegría al ver a Lucy y un verdadero impacto emocional al ver lo que -o mejor dicho, quién- inspiró a Munch "El grito". No será fácil olvidarlo, eso es en lo que deben pensar al hablar de alteridad, difícil olvidar aquello, lo de Munch era algo más que angustia de vivir... Y díficil aceptar que todo lo que allí se puede ver es obra de la misma especie, el hombre.

Así que la filosofía parece la vía elegida y, esperemos que también el destino.

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